Sapucai, Rio Chubut, Patagonia

SAPUCAI, RÍO CHUBUT, PATAGONIA

Carmen vino a visitarnos unos días en Bariloche. Subimos juntas caminando hasta el Refugio Frey, disfrutamos de las impresionantes vistas desde el Cerro Llao Llao y fuimos con Martín por Villa La Angostura a Chile a bañarnos en unos manantiales de agua caliente. Pero la excursión más emocionante empezó una mañana soleada a la puerta de la casa de nuestra amiga Bárbara.

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A las 9.30 en punto llegaron Flor y Dominique en un pick-up, cargaron nuestras mochilas y comenzó el viaje.

El Bolson

El Bolson

La primera escala era El Bolsón, a 100 km al sur de Bariloche, rodeando lagos por la legendaria Ruta 40 que va desde Alaska hasta Tierra del Fuego.

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Rio Chubut

Rio Chubut

Después de una pequeña parada en El Bolsón abandonamos la Ruta 40 y continuamos hacia El Maitén. Al cabo de algunos kilómetros dejamos la carretera asfaltada y seguimos por un camino pedregoso el río Chubut aguas arriba. Atravesamos la estepa patagónica, conscientes de que más allá del horizonte se alzaban las cumbres nevadas de los Andes, donde nace el río  Chubut, que fluye luego de oeste a este para, tras 800 km de recorrido,  desembocar finalmente en el Atlantico. En la lengua de los tehuelches, los habitantes originarios de estas tierras, “chubut” significa “claro”, “transparente”. Debido a su gran contenido en oro hubo incluso en el curso alto del río una mina de oro, hoy en desuso. Estábamos al final de la primavera y en invierno había nevado mucho por lo que el río estaba crecido. Afortunadamente pudimos vadearlo primero en auto, luego a pie y más adelante a caballo.

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Tras otra hora más de viaje aventurero llegamos por fin a la pequeña granja de Tammy y Dominique, dos casas de madera junto al río rodeadas de álamos y praderas. En los prados pastaban los caballos. Horaldo nos había preparado un asado y en la cabaña estaba puesta la mesa. Con el asado había ensalada, pan casero y agua de limón con menta fresca que crecía ahí cerca junto a un arroyuelo. De postre, un flan enorme.


Sacupai

Sacupai

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No había electricidad ni Internet y mis pensamientos se disolvieron en el polvo en el horizonte montañoso)

Después de comer nos bañamos en el río y nos dejamos arrastrar por la corriente. Mientras caminábamos al atardecer aparecieron las primeras estrellas en el cielo y decidí pasar la noche a la intemperie.

Tenía una buena bolsa de dormir y un gorro de lana. La Vía Láctea pasaba justo sobre mi cabeza y a mis pies brillaba la Cruz del Sur. Me dormí enseguida, hasta las cinco de la madrugada. Vi con alegría que ya salía humo por la chimenea de la cabaña. Flor estaba también despierta y había hecho café.

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A las 9.30 salimos para visitar a los Miranda, una familia de pobladores que vivía  a tres horas a pie río arriba. El abuelo de la familia había emigrado desde Chile para establecerse aquí, en el curso alto del Chubut al pie de la mina de oro abandonada. Además de su casa, los Miranda usaban el cobertizo y la capillita de los antiguos mineros. Blanca había cocinado pasta y Manuel, su marido, había preparado cabrito al horno. Antes y después de comer nos ofrecieron mate. Era la primera vez que Carmen tomaba mate y cometió tantos errores que los dos primos Daniel y Manuel no pudieron contener la risa.

El dueño de la casa, don Manuel, nos mostró su caballo de carreras, que había ganado ya varios premios y después de una pequeña siesta regresamos a la granja de Tammy.

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En Sacupai Horaldo había ensillado ya dos caballos para Carmen y para mí, así que junto con Dominique pudimos cruzar al atardecer el Chubut, esta vez río abajo.

El sol se puso tarde. En la cabaña nos esperaba sobre el fuego una cena deliciosa y esta vez decidí tener un techo sobre mi cabeza para dormir.

A la mañana siguiente, después de un desayuno maravilloso con huevos frescos, Dominique nos llevó felices y contentas de vuelta a Bariloche.

Volveré. Sacupai es un lugar pero también un espacio del alma.

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In the Middle of Germany

Una excursión por las montañas de Rothaargebirge

Eran las semanas más calurosas del año, el termómetro rozando siempre los 40º y pensamos que en Sauerland a una altitud de 800 m quizás haría más fresco. Carmen y yo encontramos un hotelito muy bonito en Willingen y reservamos una habitación para dos noches. 

http://www.angelikas-hotel.de/

Cuando llegamos Angelika y su hija, las propietarias del hotel, nos aconsejaron una ruta de senderismo, Rothaarsteig, de Brilon a Willingen, un recorrido de unos 20 km en su mayor parte por bosque que hicimos ese mismo día.

Angelika nos llevó en coche hasta Petersborn, al sur de Brilon, y allí empezamos. Queríamos llegar al mediodía hasta Bruchhausener Steine, unas formaciones rocosas impresionantes que se ven desde lejos sobresaliendo del bosque. Antes se pasa por las ruinas de un poblado de 1000 años de antigüedad cercanas a una encantadora capilla, la Friedenskirche o iglesia de la paz. Este es un Lugar de Poder, de los que  encontraríamos más a lo largo del camino.

 

En Bruchhausen nos paramos a recuperar fuerzas en el Rosenbogen, un café-restaurante de una finca donde comimos gofres de espelta  con requesón de finas hierbas. Queríamos algo ligero porque realmente hacía mucho calor.

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Desde allí retomamos el camino a Willingen, ahora otra vez muy empinado.

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La siguiente etapa era Richtplatz, a donde llegamos completamente rendidas.

 

Al día siguiente escogimos un sendero por Hochheide, un terreno de brezales, hasta el Langenberg, que con 843 m es la montaña más alta del Norte de Renania-Westfalia. En Willingen hay una estación de esquí y pudimos subir en góndola. Nos sorprendió encontrar tal abundancia de arándanos silvestres a los lados del camino.

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Estos son los bosques de los hermanos Grimm de Göttingen; los bosques por los que paseaba el escritor ya olvidado Jürgen von der Wense; los  bosques que azotó el huracán Kyrill en enero de 2007 a una velocidad de 225 km/hora; bosques en los que se guarda silencio y se escucha a los pájaros.

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Y así el Sendero Dorado o Goldener Pfad resultó ser otra sorpresa que nos invitó a una pequeña meditación contemplando las copas de los árboles. 

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Pasando el Langenberg volvimos al hotel en Willingen.

 

El alojamiento de Willingen fue una buena elección y les agradecemos a Angelika y a su hija el amable recibimiento y el trato recibido.

Del Lago Nahuel Huapi a la Costa del Pacífico

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Siete días en Chile

„Ya solo hago viajes con un significado profundo“ , me dijo hace poco una buena amiga.

Seguimos hablando y olvidé la frase. Después no volvió a surgir la oportunidad de preguntar qué quería decir con eso exactamente. En nuestro viaje de Bariloche a Chile a través de  los Andes me acordaba continuamente de esta frase, sin tener la menor idea de si nuestro viaje tendría ese significado profundo.

Martín y yo salimos de Bariloche por la mañana temprano. Tomamos la ruta 40 por El Bolsón y Esquel, adentrándonos cada vez más en los Andes hasta llegar a la frontera chilena a través de un paso entre las montañas. Hicimos una breve parada y media hora después llegamos a una pequeña y tranquila población, Futaleufú. Era domingo y se celebraban elecciones, en la escuela, la calle anterior estaba cerrada. Había letreros en todos los restaurantes: “Hoy no hay alcohol”.

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Futaleufú

Futaleufú

Pasamos los tres primeros días de nuestro viaje con nuestros amigos argentinos y sus dos niños,  y Víctor, que es muy aficionado a la pesca, encontró enseguida un lugar apropiado en el río. Mientras él pescaba, Martín y yo nos pusimos los trajes de neopreno.

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Rio Espolón

Rio Espolón

 

“¡Vamos, Luca!, allí arriba empezamos a nadar, ven siempre detrás de mí y allá abajo, donde la corriente no es tan fuerte, salimos del agua”.

Sentí una mezcla de miedo y emoción y al mismo tiempo supe cuánto iba a enojarme si no saltaba al agua. No había pasado mucho tiempo desde el deshielo y el agua estaba a unos 4º C.

Había tenido miedo muchas veces en mi vida, por mí y por otros.

Fear can stop you but you can stop fear.

Entonces tomé la decisión y me lancé al agua congelada. En ese momento la corriente me arrastró, a mí, a mi cuerpo y al miedo.

¡Qué sensación tan agradable! Martín nadaba delante de mí, le alcancé y gritó: “ ¡salimos ahí delante!”, porque un poco más abajo estaba Víctor pescando. Di unas cuantas brazadas  y noté de nuevo la tierra bajo mis pies. Volví a meterme enseguida otra vez en el río.

Al día siguiente fuimos hasta Chaitén, una pequeña población en la costa del Pacífico. No había oído hablar nunca de este lugar, solo sabía que desde aquí un pequeño transbordador nos llevaría a la isla Chiloé. Nada más llegar tuve una sensación de opresión“. Aquí hay algo raro”, sentía yo aunque no sabía qué era. Después me dijeron lo que sucedió el 8 de mayo de 2008.

 

Unos días antes del 8 de mayo un terremoto de intensidad 4,1 sorprendió al pueblecito y a sus 3.300 habitantes. Poco después una lluvia de ceniza cubrió la zona con una capa de 15 cm, con lo que el agua potable quedó inutilizada. Se empezó a evacuar a las primeras personas, la mayoría fueron transportadas en barcas a la cercana isla Chiloé. Unos días después el “pequeño” volcán Chaitén entró en erupción. Las masas de lava y de lodo destruyeron trescientas casas.

 

Setecientas personas han vuelto hasta hoy. Algunos restaurantes han abierto de nuevo, así como un hotel, una escuela y un pequeño centro de salud.

 

Chaitén está rodeado de grandes volcanes activos pero nadie contaba con que el más pequeño pudiera producir esa catástrofe ya que la última gran erupción se produjo en 7420 a. C.

 

Por la tarde salió el sol y no había viento así que, por primera vez, pude salir  al Pacífico con la tabla de SUP.

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Nunca podemos saber con seguridad lo que va a pasar.

 

Aunque ya llevo dos semanas en Sudamérica sigo despertándome por las mañanas sobre las cinco o las seis. Esa mañana también. Entonces me fui a la playa y no podía creer lo que estaba viendo. El día anterior tapado por las nubes, se descubrió de repente majestuosamente  ante mí: la cima del volcán Corcovado. Respiré hondo un par de veces, estaba fascinada y corrí rápidamente a casa a buscar la cámara.

 

¡Qué estupidez correr tras una foto!, porque cuando volví el volcán ya había desaparecido detrás de las nubes. ¡ Qué ilusa! Mientras estoy ahí sentada riéndome de mí misma aparecen de pronto dos delfines por la izquierda y pasan nadando ante mí. Se sumergen, vuelven a emerger, los dos idénticos. Me encanta este saludo y me conmueve en lo más profundo. Ni acordarme de que tenía la cámara en la mano.

 

Por la tarde tomamos el transbordador a la isla Chiloé.

 

Las playas y los mercados son tan divinos como las iglesias.

 

A la vuelta de Chiloé, ya en tierra firme y en dirección norte, llegamos al día siguiente a Tirúa.

 

En la radio sonaba un tango, “Mar de fondo”. Escuchando los bajos del bandoneón me imaginaba las ondas subterráneas, los movimientos profundos del mar, la razón de la existencia.

 

 

Algunos surfistas de Bariloche iban a ir a Tirúa  y para nuestra sorpresa nos encontramos de repente en medio de un festival de windsurf en el que participaba toda la ciudad.

 

Stormy day, happy windsurfer.

 

 

El tercer día continuamos el viaje porque queríamos volver a las montañas, a las Termas Geométricas, cerca de Pucón.

 

Pasamos la noche en Pucón y al día siguiente volvimos a Bariloche atravesando los Andes.

 

La naturaleza puede ser mágica.

 

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Feliz y contenta no me pregunté ni un segundo más por el significado profundo de este viaje.

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#Lightlichtluz

LIGHTLUZLICHT

 

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Andalucía en la luz del verano

 

 

Es la segunda vez que Martín y yo  vamos en coche a Andalucía y de nuevo nos llama la atención cómo va cambiando la luz en nuestro viaje hacia el Sur. Así como se han establecido zonas horarias con relación a los meridianos, se podría también dividir el eje Norte-Sur en dirección al ecuador en zonas de luz. La primera estaría para nosotros a la altura de Burdeos. Con cielo despejado, al mediodía todo parece de pronto más luminoso y el verde de los pinos es más intenso que en Alemania.

 

La segunda zona de luz la atravesamos en Extremadura el segundo día de nuestro viaje por España.

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Nunca he visto el mundo tan luminoso como aquí. La radio anuncia una ola de calor para los próximos días. Y mis ojos recorren el lejano horizonte infinito.

 

Con tanta luz miro el mundo a través de los rayos de sol y todo parece más transparente, más nítido y claro.

 

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He dejado de usar las gafas de sol pero tengo cuidado de no mirar directamente al sol. Uso una gorra para poder abrir bien los ojos y me asombra cuánta luz son capaces de absorber

 

Con la luz podemos distinguir lo que es.

La luz está viva.

La luz calienta.

La luz ilumina el mundo.

 

Con los ojos me sumerjo en el cielo. O miro desde mi tabla en la profundidad del agua.  Es como si mirara en mi propia alma. Cuanta más luz entra, más clara y profundamente puedo distinguir todo. Y aprendo a respirar la luz del sol, un momento sublime.

 

Suaves olas mueven la tabla.

 

Mi cuerpo reconoce este movimiento y se balancea levemente con el agua.

 

Un mar de luz envuelve el mundo en magia.

 

Vejer de la Frontera

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Wandern and yoga changes body and mind

¡LAS MONTAÑAS SON FABULOSAS!

 

Sucedió en la Veggiworld de Dusseldorf. Carmen y yo entramos muy temprano en el pabellón de la feria y unos pasos más adelante habíamos entablado conversación con el propietario de un hotel, el „Naturhotel Lechllife.

Nos habló de las montañas de Reutte, en el Tirol, de la cocina vegana de su hotel, de las posibilidades de senderismo en la región y de una sala de yoga para grupos.

De repente caí en la cuenta de que tomando el teleférico cercano era posible caminar hasta elValle de Tannheim, el refugio Gimpel y el Rote Flüh, todos ellos lugares que conocía de mi infancia.

Habíamos tomado una decisión. Yoga y senderismo se fundieron en nuestra mente. Carmen estaba entusiasmada. Nuestra próxima meta estaba clara.

De una idea surgió un plan que acabó convirtiéndose en una hermosa realidad y en una aventura.

Seis mujeres más se apuntaron a la excursión.

 

 

El primer día subimos al Gehrenjoch. El Valle del Lech se extendía a nuestros pies y al frente el Gehrenalpe y el pico Gehre. Era un día muy caluroso de principio de verano ylas flores alpinas resplandecían en los prados.

My innermost goes through the silence of nature.

Cuando camino soy consciente de las veces que me pierdo en mi propia razón, enpensar en voz alta o en el parloteo interior.

Solo el camino me trae de nuevo a mí misma - y especialmente el ascenso- ya que ahí me concentro nada más que en mi propia respiración, como en el yoga. Y bajo las imponentes cumbres dirijo toda mi atencióna mi cuerpo. Las piernas saben por sí solas dónde tienen que pisar y qué piedra aguantará mi peso.

 

 

Mi cuerpo había aprendido a sobrevivir en tiempos difíciles pero ahora yo le susurraba que viviera con toda la intensidad, hasta la médula. Era una sensación maravillosa.

Regresamos tras un descanso en Gehrenalpe y esperamos con expectación la primera clase de yoga con Boris.

 

That was one day or day one.

 

El segundo día íbamos más calladas porque el ascenso era más largo. Nuestra meta era el Schneetalalpe, después de pasar por un sendero de montaña en dirección al refugio Gimpel. Desde allí se ve el lago Halden, en el valle deTannheim. Por este valle transcurre la “Vía Salina”, una antigua ruta de la sal.

 

Algunas del grupo hacían trekking por primera vez y otras guardaban un mal recuerdo de la infancia, pero “becoming a beginner again keeps you young”. Y feliz. Era una nueva vieja experiencia y una sensación maravillosa.

 

Y por la tarde, yoga con Boris otra vez.

 

Susann lo expresó de forma certera: “ con Boris nos ha tocado la lotería “

Su “OM” nos abría los corazones desde el primer tono. Las vibraciones en la sala eran palpables- y siguen vibrando en mí-cuando, después de un ejercicio, decía: “make a pillow with your hands and relax…”. Era fabuloso.

 

El dueño del hotel, Manfred Kühbacher, tuvo al día siguiente la genial idea de recomendarnos una sesión de yoga en el Frauensee, a cinco kilómetros del hotel. Este lago es un antiguo lugar de culto celta, tiene 40 metros de profundidad y una temperatura agradable. Es decir,” un lugar de poder”.

 

Carmen me preguntó entonces cómo se reconoce un lugar de poder. La verdad es que yo tampoco estaba muy segura pero la respuesta me salió sin pensarlo :„ cuando sales de allí, tienes una sensación de plenitud“. Y exactamente así fue.

Esta clase de yoga en una pradera de flores, a la orilla del lago y la montaña sobre nosotras fue sensacional, y la tengo grabada para siempre en el corazón.

„ Una gran belleza eterna recorre el mundo„

Rainer Maria Rilke

 

 

Ese mismo día subimos en  teleférico desde Grän hasta FüssenerJöchle y luego caminando hasta Schartschrofen. Christiane, Carmen y yo llegamos hasta la cumbre. En las cimas de los Alpes hay cruces de las que cuelga una cajita metálica para guardar el libro de la cima y donde la gente puede escribir su nombre. En los Andes o en los Pirineos no existe esto.

 

When you go over rocks keep your mind relaxed.

 

Aunque no era una cumbre realmente alta, por un instante notamos sin embargo que es posible superarse a sí mismo y, al mismo tiempo, percibir algo que es más grande que nosotros mismos.  Es una sensación maravillosa.

Mi agradecimiento a Susann, Christiane, Sandra, Katrin, Bettina y Karin.

Y por supuesto a Carmen, porque ir con ella es ir a la montaña con la alegría en persona.

Muchas gracias a todas por estos días espléndidos en Austria.

And next time?

We’ll share the shelter….(de: „Is this love“, de Bob Marley)

 

 

 

Nobody said it would be easy...

Tomás Saraceno en Düsseldorf

 

 

Tomás Saraceno es un arquitecto y artista argentino. Nació en Tucumán y vive actualmente en Berlín. En el museo Ständehaus de Dusseldorf ha suspendido una construcción por la que los visitantes pueden transitar y que ha llamado "in Orbit". (Me imagino lo que ha querido decir con esto y lo he traducido libremente como "estar en su camino"). Sentía mucha curiosidad por verla.

in orbit

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Él mismo describe su obra como " una cósmica estructura abierta, que se convierte en tejido densificado, ramificado, antes de fluir de nuevo hacia las líneas en sus bordes."

 

Para él la instalación visualiza "el continuo espacio-tiempo, la tela tridimensional de una araña, las ramificaciones de la materia en el cerebro, la materia oscura o la estructura del universo. Con "In Orbit" las proporciones entran en nuevas relaciones, los cuerpos humanos se convierten en planetas, moléculas o agujeros negros sociales."

Queríamos tocar la red y movernos por ella, así que fuimos a la exposición.

Primero él y luego yo. Y por supuesto con nuestra nueva cámara.

Con mi ojo pegado al visor, veía a Matthias y notaba como reunía todo su valor para seguir su camino. Me impresionaba, pero mi sistema nervioso temblaba y sentía cada célula de mi cuerpo.

Maybe things can be frightening but they might also be extremely beautiful.

Maybe things can be frightening but they might also be extremely beautiful.

To be absolutely present is like a walk through universe.

To be absolutely present is like a walk through universe.

 

Después subí yo a la red y lo comprendí ,"si me conecto bien entre el cielo y la tierra, lo conseguiré ". La confianza en la vida disipa el miedo.

Fill the gap between you and life

Fill the gap between you and life

If you have nothing to do do it here.

If you have nothing to do do it here.

En el camino conmigo o sola a la Laguna Negra

 

 

Bariloche, Río Negro, Argentina

 

Que una mujer vaya sola no es precisamente lo que se recomienda en Argentina. Esto lo sé y me lo dicen también con frecuencia los del Club Andino, mis amigos y los empleados del Parque Nacional. Pero si no encuentro a nadie que quiera venir conmigo, quedarme en casa tampoco es la alternativa. Así que preparo la mochila y tomo algunas precauciones.

 

Elijo rutas que ya conozco, sé a partir de qué bifurcaciones ya no tengo cobertura, llevo siempre en el equipaje una batería externa, conozco los caminos más fáciles y valorar mi condición física. Le digo a Martín adónde voy y a qué hora pienso volver. Y otra cosa más: salgo más temprano que los argentinos, así siempre hay alguien detrás de mí. Y cuando el tiempo es estable me pongo en marcha.

 

Ya con los primeros pasos empiezo a notar algo de esa libertad interior que se experimenta al caminar. En esta ocasión la meta es la Laguna Negra, el refugio Segre. Martín me había llevado hasta el punto de partida del recorrido, un poco más allá de Colonia Suiza. Desde ahí hay que caminar varias horas a lo largo del arroyo Goye hasta una cascada, donde empieza la verdadera subida al refugio.

 

 

Pero apenas había andado unos pasos cuando vi que habían colocado un cartel : " Hoy el refugio está lleno". "Cielos", pensé, y tras meditarlo unos instantes decidí seguir de todas formas, pues ya encontraría un sitio en algún lugar.

 

Así que continúo y poco a poco se va desvaneciendo esa sensación de excitación por lo que estoy haciendo. Martín se ha ido, el camino se extiende ante mí y es en este momento, cuando afuera se ha hecho el silencio, que me doy cuenta de pronto del ruido de mis pensamientos: "¿Llevo todo lo que necesito? ¿Qué hora es? ¿Cuántas horas voy a caminar? ¿Qué hago si arriba efectivamente ya no queda sitio?" Preguntas totalmente inútiles que no me ayudan en lo más mínimo. Las dejo pasar y me concentro en el ritmo de mis pasos, que equivale más o menos a esa atención consciente en la respiración en el yoga. Entonces funciona. Funciona. Y los pensamientos se van.

 

Lo que queda es el silencio, cada vez más presente. Y de esta presencia surge la fuerza para andar, y el sol lo vuelve todo aún más luminoso y hermoso.

 

Han pasado entre dos y tres horas y todavía no me he encontrado a nadie. Me refresca sumergirme unos instantes en el arroyo. Y me viene a la memoria una conversación en Alemania con un médico de cuidados intensivos que me había hablado de su trabajo entre la vida y la muerte. A mi pregunta de cómo podía soportarlo a lo largo de los años me dijo, al tiempo que me mostraba una fotografía de la panorámica de una ciudad, " Este es mi rescuepoint. Aquí sólo soy yo mismo, aquí puedo ser." Le comprendí muy bien. Su lugar de evasión era un apartamento en Montmartre con una amplia vista sobre París.

 

Le comprendí mucho mejor de lo que se imaginaba pues la vida me había deparado profundas crisis, pero lo que siempre me había salvado habían sido esos momentos de retiro al margen de todo, de estar en el punto cero, al que siempre volvía cuanto más me golpeaba la vida. Pues ahí uno no se pierde en el mundo exterior ni tampoco en la razón.

El camino hacia nuestro centro es un camino hacia la libertad interior.

 

El murmullo de la cascada se hacía cada vez más fuerte y enseguida llegué al punto donde el camino sube abruptamente. Saqué los bastones de la mochila y comencé alegremente el ascenso. La senda subía y subía siguiendo el arroyo. El microclima cambió levemente y comenzaron a aparecer raras flores.

 

Una hora después llegué al refugio, ubicado idílicamente junto al lago. Abrí la puerta y para mi asombro allí había solo tres chicos, uno de ellos tocando la guitarra. "Everything will be alright". El cartel del valle era para el día anterior, me contó luego el guarda del refugio. La noche anterior se habían alojado dos clases de un colegio de Buenos Aires y al bajar habían olvidado quitarlo.

 

Disfruté de mi suerte, de una taza de té caliente y de una puesta de sol maravillosa. Para cenar había lentejas, pan casero y una copa de vino tinto. Los chicos eran cerveceros de La Plata y los únicos con quien compartí el refugio. El guarda, Julián, era de Buenos Aires.

 

Me acosté temprano pero puse el despertador a las dos de la mañana porque quería ver a toda costa el cielo estrellado.

 

Completamente aturdida me levante, salí al frío y al instante me sentí abrumada ante la vista del cielo nocturno. Hacía mucho tiempo que no veía la Vía Láctea brillar de esa manera.

 

Es en un momento así a más tardar, cuando uno renuncia a querer explicarlo todo. Contemplaba fascinada la extensión infinita, allá estaba el espacio y el espacio estaba en mí. Tranquilizada, volví a la la cama.

 

A la mañana siguiente me despertó el guarda del refugio. Ya eran las nueve y media y quería protestar porque habíamos acordado las siete y media. Julián se rió y dijo que solía hacer eso con los europeos porque siempre iban con prisas y estaban tan estresados. Pero también sabía que yo, a diferencia de los argentinos, iba a querer desayunar y al bajar las escaleras vi que el desayuno ya estaba preparado sobre la mesa. Café recién hecho, el pan delicioso, mantequilla y dulce de leche.

 

Después de desayunar me puse en marcha sin apresurarme, me despedí de los otros y disfruté muchísimo de la bajada.

 

Martín ya me estaba esperando en el sitio acordado y para mi sorpresa me había traído un sándwich, una mandarina y una botella de tónica helada.

 

Unos días después y a tres horas de vuelo de Bariloche, en las calles de Buenos Aires.

 

Un dia a lo largo del Rin

Recorrido por nuestra región

 

Carmen y yo recorremos de vez en cuando el trayecto entre Bad Honnef y Königswinter y como con frecuencia nos preguntan dónde está exactamente, voy a describir la ruta con un poco más de precisión. Dejamos el coche delante del museo de Hans Arp,enfrente del transbordador de Königswinter, y tomamos el tren de Rolandseck a Mehlem, un trayecto de 5 minutos. El tren sale cada hora. En Mehlem solo tenemos que cruzar la calle para llegar al transbordador de Bad Honnef, que nos lleva al otro lado del río a la estación de Drachenfelsen, donde comienza la ruta con el tramo más empinado de todo el recorrido hasta Drachenfelsen. Llegamos arriba después de 30 minutos y, si el tiempo es bueno, se puede contemplar el mayor río de Alemania. Dejamos a un lado el tren de cremallera y nos encaminamos hacia Milchhäuschen.

 

 

Paramos para tomar un café y seguimos después en dirección Bad Honnef (sur) o Löwenburg. La marca del Rheinsteig nos acompaña.

 

Y como ya conocemos bien el trayecto podemos concentrarnos en el camino.

 

También en aquello que encontramos al caminar.

 

 

 Por praderas de árboles frutales y pasando Löwenburg seguimos aún más de tres horas hasta llegar a Bad Honnef sur.

 

 

 El camino nos lleva a través del Muchenwiesental hasta el albergue juvenil de Bad Honnef, donde aprovechamos para tomar algo y para pedir un taxi, que nos lleva otra vez al transbordador. El museo de Hans Arp está enfrente del embarcadero, al otro lado. Parte de la colección de arte se expone en la antigua estación de ferrocarril de Rolandseck. Desde ahí, tomando un ascensor, se llega a una maravillosa construcción moderna con vistas a Siebengebirge y al lugar donde, según la leyenda, luchó Siegfried contra un dragón.

 

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En el museo hay una cafetería y siempre asocio esta cafetería con las charlas con Carmen, nuestra satisfacción y nuestras risas al final de una caminata.

 

 

Porque puede ser ligero, bonito y también dulce de vez en cuando.

From the seaside into the desert

La belleza sin forma

Entre Malibú y Yucca Valley

Cuando comencé este viaje me venía constantemente a la memoria una vieja amiga, no sabía aún por qué. Se llamaba Christina, viajaba con frecuencia y tenía una enfermedad incurable. Cada vez que regresaba de uno de sus viajes, iba a visitarla a Berlín porque me encantaban las descripciones que hacía de ellos. Disfrutaba escuchándola.

Recuerdo sus relatos de Egipto y de Italia. Narraba despacio, muy despacio. Algunas veces se quedaba callada mientras todo lo que había visto y vivido iba tomando forma de nuevo ante su ojo interior. Era tan intenso que, incluso a veces, yo podía ver las imágenes antes de que ella hubiera formulado su historia con palabras.

Ya no recuerdo esas imágenes, pero sí la belleza sin forma de esos momentos.

Cuando Christina venía de viaje con nosotros, había algunos que se enfadaban con ella porque siempre era la última, y se entretenía levantando una piedra por aquí, mirando otra vez por allá . Yo ya sabía entonces que no había nada de malo en ello, aunque el porqué no lo entendí hasta mucho después. Ella intuía que no le quedaban muchos años más y por eso todo lo vivía más lentamente y con más intensidad que nosotros.

Porque cuando no queda mucho tiempo, la solución no siempre es más y más rápido .

Este conocimiento me acompañó en el viaje y fotografié poco pero disfrutándolo, y sobre todo lo bello.

Mi viaje había comenzado en San Francisco y unos días después, en el Joshua Tree Park, leí la frase que Christina probablemente ya conocía entonces.

The faster the eye is moving the less you see.

Cuanto más rápido se mueve el ojo menos se ve.

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Bajamos por la costa hasta Malibú, allí nos quedamos tres días a orillas del mar y seguimos luego, pasando por Los Ángeles, en dirección a Palm Springs hasta nuestro siguiente alojamiento en Yucca Valley, para visitar desde ahí el Joshua Tree Park.

La belleza está en los ojos del que mira.

La belleza se hace visible en el espacio entre dos pensamientos.

Cuando se interrumpe el flujo de pensamientos, pueden surgir por unos instantes sentimientos de alegría, de paz profunda o de inmensa belleza. Estos momentos surgen a veces por casualidad, pero se dan con frecuencia en la naturaleza, en caso de un esfuerzo físico extremo, de rara belleza o de gran peligro.

What is wrong with this photo?

The haze... la neblina, la polución, que se extiende desde Los Ángeles por El Valle de Palm Springs.

What is special with this photo?

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The face... la cara...

What is strange with this photo?

This house lets the outside in, but does it let the inside out?

La casa deja entrar el exterior,¿pero deja salir el interior?

 

Nuestro viaje terminó en San Francisco otra vez. Y aquí me gustó mucho....

Un supermercado latinoamericano con dulce de leche, alfajores y Agua de Florida.

Mi traje nuevo de neopreno, que me sirve para nadar también en agua muy fría...

 

Surfing in Wissant

o “Haz un par de fotos...“

 

Voy a menudo con Martín a Wissant. Él practica el windsurf y yo camino, sola, por la orilla del mar. Casi siempre saco fotos, el mar, la luz y la costa. Son imágenes panorámicas que reflejan especialmente mi propio estado de ánimo, y si las contemplo ahora remueven mi interior, rara vez las viejas heridas, en la mayoría de los casos me alegran y mi corazón se abre con los recuerdos guardados en esas fotografías.

 

En esta ocasión Martín me pidió que le fotografiara haciendo windsurf. Esto supondría un reto especial para mí.

 

Martín es muy bueno practicando windsurf y le encanta cuando hay temporal. Ese día sin embargo tuve suerte porque, aunque hacía viento, estaba soleado. Me abrigué bien, renuncié al desayuno, tenía el sol a mi espalda y avancé un buen trecho. Había marea baja, un poco de bruma y la costa de Inglaterra no se veía a esa temprana hora de la mañana.

 

Nada más podía distraerme y me concentré en este único pensamiento. “Tienen que salir fotos realmente buenas“. Y en la conciencia del momento presente percibí una dinámica enorme de esa intención.

 

Ajusté la cámara en la A de automático  y me concentré en la foto. Hundí los pies en la arena, el agua me llegaba hasta las rodillas, los brazos pegados al cuerpo. Esto me conectó con la tierra y me ayudó a encontrar la mejor posición.

 

Observaba a Martín con mi cámara como a través de un catalejo. Primero me identifiqué con las olas, después con el surfista. Así, muy poco a poco, logré anticipar por una décima de segundo cuándo saltaría. Y cada vez que conseguía captar el momento exacto, habría podido saltar de alegría. Pero esto no era posible porque tenía los pies enterrados en la arena.

Cuando vi después las fotografías, me sorprendí de lo que había logrado y Martín me preguntó, si no tendría ganas yo también de aprender a hacer windsurf.

4 friends trekking the Channel Coast

ENTRE DOS CABOS

 

Al sur de Calais se extiende la Cote d’Opale, una bahía de 12 km entre los cabos Gris-Nez y Blanc-Nez. Dunas extensas, ambiente rural y paisaje ligeramente ondulado, todo brilla aquí con más intensidad que en mi tierra, es más amplio y espacioso, también en invierno. Esto nos hace bien y abre el corazón.

 

Somos viejas amigas, algunas no nos hemos visto desde hace años, pero lo que las cuatro tenemos en común son nuestros hijos, jóvenes adultos que ya han pasado el tiempo suficiente con nosotras. En los años precedentes podríamos haber hecho algunas cosas mejor, o de otra manera, o haber hecho más, o menos, ... pero lo importante ahora es darse cuenta de que en estos jóvenes se está formando y configurando algo que escapa a nuestro control. Es su propio destino, siguen su camino, a veces se desvían, pero nosotras solo podemos estar ahí y sentirnos contentas y felices de ser todos como somos. Es una sensación agradable y nos dejamos llevar, esta vez a lo largo de la costa del Canal de la Mancha.

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 Llegamos hacia el mediodía a casa de nuestra amiga francesa Marie Laure y de Pauline, su hija menor. Era el día más caluroso del verano y en la terraza, directamente detrás de las dunas de Tardinghen, nos esperaba un ligero almuerzo.

Después de comer podíamos elegir, caminar o ir a nadar. Escogimos ambas cosas y después de un baño refrescante, nos pusimos en camino hacia Wissant.

Si uno pasea a orillas del mar por la costa del Canal, tiene que tener mucho cuidado con las mareas, ya que con frecuencia el camino de vuelta puede no ser el mismo que el de ida. En ese caso hay caminos detrás,  por las dunas y los campos, desde los que se puede seguir contemplando la escarpada costa de Inglaterra.

 

Las rocas son un símbolo de fuerza reconfortante.

 

Hace 10.000 años el Canal de la Mancha era todavía un río, y el Rin y el Támesis eran sus afluentes. El nivel del mar, sin embargo, fue subiendo constantemente y las márgenes se convirtieron en costas cada vez más escarpadas. Hasta hoy el agua continúa inundando más y más tierra y los habitantes intentan poner a salvo sus casas, apilan rocas inmensas para construir diques y traen arena de otros lugares. ¡Ojalá aguante! La finca de nuestra amiga está un poco más atrás de las dunas y quizás se libre.

En Wissant descubrimos un nuevo bar de playa, tomamos un té frío y al lado alquilamos una tabla de Stand Up Paddle para el día siguiente. El mar iba a estar en calma y las condiciones eran óptimas para practicarlo.

Volvimos a Tardinghen al atardecer y esta vez nos decidimos por el camino entre las dunas.

Nuestra amigas francesas nos habían reservado un pequeño restaurante en las afueras de Wissant, „Le Green Bistrot“,  con jardín propio de hierbas aromáticas y comida biológica. Me complació enormemente que la joven Pauline también tuviera ganas de ir a cenar con nosotras. Con ella me sentía valorada y a gusto. Pauline vivió varios años en Singapur, en Alemania y en Nueva York y tenía un acento americano maravilloso que a mí me gustaba mucho. Nunca antes había oído ese inglés juvenil,  era para mí algo nuevo. Disfrutaba escuchándolo. Flotaba a veces una levedad en su voz de la que yo sólo podría aprender. Solamente en una ocasión, al hablar de la añoranza de Nueva York, sonó más grave. Pero fue un momento nada más y después volvió a reir.

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Tras la cena, nosotras tres, las que veníamos de Alemania, Carmen, Susann y yo, hicimos un pequeño trayecto en coche por el interior hasta el hotel „La Ferme du Vert“. El sol ya se había puesto y Carmen se asombraba de la carretera, tan oscura y estrecha. Realmente estaba tan oscuro que luego hasta pudimos ver estrellas fugaces desde la ventana.

 

A la mañana siguiente salimos de Tardinguen en dirección sur. Caminamos por la orilla del mar hasta el cabo Gris-Nez y a la vuelta tuvimos que atravesar de nuevo los campos porque la marea alta se había apropiado de nuestro camino.

 „A las colinas les gusta hablar de las montañas“

 Proverbio ruso

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Por la tarde fuimos a buscar la tabla de Stand Up Paddle.

 

Ever tried

Ever failed

No matter

Try again

Fail again

Fail better.

Samuel Beckett

 

 

 

Lo que también nos gustó .....

Las manzanas de verano del jardín de Marie Laure, maduradas con sol y mar.

Y su té inglés preparado en botella.

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Té verde frío con mango, de sabor suave y nada amargo---------

infusión hecha en frío---------

 

Nuestro hotel en el campo ----------------

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Recoge tus propias flores

Llévate el verano a casa

 

Todos los días paso en coche junto a un gran campo de flores. Desde lejos se ven los girasoles, un poco más adelante aparecen los gladiolos, espadas orgullosas que apuntan al cielo, y ya al final descubro las dalias, más pequeñas y especialmente encantadoras.

 

Me gustaría parar a recoger las flores y llevármelas a casa, pero casi nunca llevo dinero suelto encima para pagarlas. Esto me enoja cada vez.

 

Así que ayer agarré la mochila y la bicicleta, me puse en camino y al cabo de 20 minutos llegaba hasta las flores. Junto a la caja había varios cuchillitos para cortarlas.

 

Me sentía muy pequeña mientras me movía entre los altos girasoles buscando los más bonitos. Luego hice con ellos un ramo enorme, metí los tallos en la mochila, introduje las monedas en la caja y volví a casa pedaleando con mucho cuidado.

 

Ahora los girasoles resplandecen en el salón de mi casa y cuando se marchiten, los desecaré y guardaré las pipas para dárselas a los pájaros en invierno.

Happiness of a beginner

Fácil de aprender, sin mucha técnica, solo un buen sentido del equilibrio y ya puedo disfrutar de un caluroso día de verano en el agua.

Un domingo por la mañana, tranquilo, sin viento y cálido. La superficie del agua es un espejo. Por suerte hemos salido muy temprano y estamos todavía solos. Ideal para principiantes y para hacer los primeros ejercicios de yoga en la tabla.

 

Asselt, un pueblecito al otro lado de la frontera entre Alemania y Holanda cerca de Roermond, tiene un pequeño puerto de veleros y está situado en un brazo del río Maas.

 

Mi tabla no es muy grande, eso habría sido un poquito más fácil. Reacciona al mínimo movimiento, por eso ,al principio, lo mejor es simplemente dejarse llevar. Tres paladas a la derecha, tres a la izquierda, así deslizo hacia atrás mis pensamientos. La estela los recoge y los disuelve.

 

Respiro hondo, estoy centrada, de esta manera me dejo llevar por la suerte del principiante. Poco a poco la tabla y la pala se vuelven una prolongación de mi propio yo.

Mi conciencia del momento presente me mantiene en equilibrio un buen rato, puedo mirar hacia arriba y hacia atrás, arrodillarme con cuidado sin perder la estabilidad.

 

Pero, ¡ay! en cuanto salgo de este momento, se desliza un pensamiento hacia delante y entonces ocurre. El equilibrio desaparece, me tambaleo y ¡zas! estoy en el agua. Pero da igual, porque la sensación aquí es tan buena o mejor que arriba en la tabla. Me gusta mucho nadar, sobre todo al aire libre.

 

Así que tengo que subir otra vez a la tabla, encontrar el centro y continuar. Aparecen los primeros veleros y paso remando junto a un cisne negro y sus polluelos.

 

Las nubes se acuestan en el agua y lo que pasa en en cielo se refleja delante de mí.

 

¡Una mañana de domingo realmente hermosa...!

 

 

Tour Tirol Italiano 2016

Similaun y Pfossental

Cuando encontramos lugares con magia, sitios fantásticos en donde sólo se tienen pensamientos hermosos o quizás, incluso, no se tienen pensamientos, allí deseamos regresar siempre.

Hay un jardín maravilloso en las fuentes termales del hotel Villa Tivoli, Via Giuseppe Verdi 72, Merano. El romero crece aquí entre las rocas de pizarra y las aguas curativas fluyen directamente a la piscina.
Es la tercera vez que estoy aquí. Con Tomás, tras haber cruzado los Alpes, con Carmen, despúes de recorrer la Via Alta de Merano y ahora, de nuevo con Carmen al final de una ruta alpina.

Hacer trekking con mi amiga española es ir acompañada de la alegría pura. No importa qué largo sea el camino, qué alta la montaña o qué pesada la mochila. Carmen siempre se ríe.

Físicamente no estábamos igual de preparadas. Carmen estaba en plena forma porque había entrenado varias veces a la semana. Yo, por el contrario, me había lesionado el talón de Aquiles y durante semanas no había podido andar bien. Afortunadamente,  gracias al excelente masaje energético de Heike, suaves estiramientos y ejercicios ligeros, pude volver a caminar sin dolor unos días antes del comienzo de nuestro viaje.

Por fin, el 30 de junio salimos desde Tisenhof hacia el refugio Similaun. Es una subida fuerte hasta los 3.200 m y, como muy tarde a mitad del ascenso , uno se pregunta por qué lo hace. La respuesta es sencilla: es un auténtico placer contemplar desde arriba el lugar donde uno se encontraba antes. Mirando hacia atrás se veía siempre allá abajo el brillante y diminuto punto azul turquesa del embalse de Vernago.

El tiempo era inestable y parecía que caían rayos cuando alguna roca se desprendía desde lo alto. Nunca había oído nada parecido. Las rosas de los Alpes, miniesquejes de los grandes rododendros del Himalaya, nos acompañaban durante el camino, además de ranúnculos, prímulas y nomeolvides.

La flor es la luz de las hojas y a mayor altitud más intenso es su color, pues el verano es corto y puede incluso nevar.

El último tramo suele ser con frecuencia el más empinado. Sin embargo, no pensábamos en ello porque, de todos modos, uno no piensa mucho cuando sube constantemente. Nunca preguntábamos a los que bajaban cuánto nos quedaba aún. Teníamos nuestros propios trucos para superar los tramos peores pues cada flor, cada panorama o un trago de agua fresca del arroyo eran siempre una buena razón para detenerse y tomar aliento.

Pues puede ser liviano y durar más de lo que indican las guías de rutas.

El refugio Similaun está en el paso entre dos valles, el Schnals y el Ötz, entre el Tirol italiano y Austria, entre la vertiente soleada y los Alpes centrales. 
Aquí fue hallado en 1991, entre el hielo del glaciar, el Ötzi u hombre de Similaun, una momia de más de 5000 años. Además es el punto más alto de la E5, la clásica ruta transalpina.

Llegamos temprano al refugio y, para nuestra gran alegría, nos asignaron una habitación doble en lugar del dormitorio colectivo. Era un cuarto pequeño y austero para dos días y dos noches. Una moneda por tres minutos de ducha caliente, ropa seca y un descanso antes de la cena era todo lo que necesitábamos.

Poco a poco empezamos a sentir esa libertad que se expande cuando uno se concentra solo en lo esencial.

El día siguiente fue sensacional. Nos habría gustado subir por el glaciar hasta la cima del Similaun. Hubo quien lo hizo pero en grupo y con guía de montaña. Esa mañana el azul sobre nuestras cabezas era impresionante y mirábamos no hacia el cielo, si no dentro  del cielo. El horizonte era una línea nítida entre un blanco cegador y un azul clarísimo. Como no teníamos  crampones ni tampoco guía, decidimos caminar hasta el lugar del hallazgo del Ötzi pero enseguida nos topamos con un nevero. Se podía distinguir claramente el camino un poco más allá, pero delante de nosotras se abría una inclinada pendiente cubierta de nieve. En cuanto Carmen la vio, dijo:  “Bueno, bueno, bueno, Luca,  para mí no es“. La decisión estaba clarísima. Yo me aventuré, pero al cabo de unos metros me quedé atascada en la nieve y di media vuelta.

Nos habíamos rendido, que no es lo mismo que fracasar. Rendirse es una decisión consciente; fracasar es sufrir por haber fallado al final de un proceso inconsciente. Es como el guerrero y el luchador: el guerrero siempre sabe cuándo termina la lucha.

Después fuimos hasta el refugio Martin Busch, bebimos café de filtro e iniciamos el camino de vuelta saboreando con anticipación la alegría de vivir y el ambiente italiano del refugio Similaun. Este es más agradable, más bonito y confortable. La cena, además de calmar el hambre, es realmente sabrosa. En este refugio se respira una atención que va más allá de la mera utilidad.

Pues puede ser no solo liviano, sino también bonito. Se nota en las pequeñas cosas, en un gesto o en una mirada amable de la gente del Tirol italiano.

Con la ropa pasa lo mismo. En los Alpes del norte la ropa cumple su cometido de prenda funcional, preferiblemente de color negro o en tonos terrosos, combinada con una blusa a cuadros y una edelweiss estampada en algún sitio.
Sin embargo, los italianos también son elegantes en la montaña, las chaquetas son de talle corto y los colores se ven desde lejos. Hasta las botas son llamativas. Pues en todo puede haber levedad, placer y belleza.

La sabiduría en la montaña es simple: si uno sube, tiene que volver a bajar, con la diferencia de que bajando las ampollas salen en los dedos en lugar de en los talones. Si te giras durante el descenso, te sientes más pequeño y la posibilidad de resbalarse aumenta cuanto más mires hacia el valle.
La noche anterior, Carmen había tenido una pesadilla y, de repente, en la parte más inclinada de la bajada, sintió que el miedo no le dejaba continuar.
Como es muy cautelosa, se para a observar lo que le está pasando. Y eso me da tiempo a mí también a deterneme. Inspirar profundamente, confiar y un ejercicio conjunto de Integración en el Corazón son los pasos que nos llevan poco a poco hasta un pedregal donde ya no es tan empinado.

Son los pensamientos positivos los que disuelven el miedo.  Es un sentimiento intenso, más fuerte que la esperanza o la confianza, es fe, una palabra que no tiene traducción en alemán. La creencia  en el sentido de todas las cosas, en la plena luz y al mismo tiempo en lo que no tiene fin, disipa el miedo. 
No es sencillo el soltar , pero puede ser, y de pronto, es, muy liviano.

Por supuesto, logramos descender y en Kartaus encontramos un restaurante para la comida del mediodía: knödel de berenjena sin grasa, pues también la comida puede ser liviana.
Anne-Marie, la camarera, nos contó que había sufrido una embolia pulmonar y pensaba que ya nunca volvería a subir una montaña, y cómo durante la convalecencia empezó a intentarlo, un poco más arriba cada día, hasta que al cabo de dos años consiguió llegar por fin a la cima de un tres mil. ¡Qué hermoso! ¡Qué gusto!
También después de una grave crisis puede volver a ser liviano.

Pasamos la noche siguiente en el valle di Fosse (Pfossental), en el Mitterkaser Alm.
Las rutas de la Via Alta de Merano son más relajadas, invitan a la meditación y siempre se encuentra aquí o allá un paraje plano para poder hacer ejercicios de estiramiento.
El desayuno en el Mitterkaser Alm se compone, a excepción del café orgánico, de productos caseros: el jamón, el queso, el pan, la mantequilla y la mermelada, todo se elabora allí y tiene un sabor delicioso. Aunque la gente aquí trabaja mucho, tiene siempre tiempo para charlar un rato.

Con gusto hablan de su vida en la montaña y de la sensación de libertad. El hecho de que no muestren interés por lo que pasa más allá de sus montañas, se puede considerar como una especie de paz interior en el sentido budista. A nosotras nos gustó.

Esa mañana, el sol brillaba con tanta fuerza que los esquistos nos deslumbraban al andar. Llegamos hasta el final del valle, desde donde todavía hay una hora y media para llegar al refugio Stettin, o mejor dicho, al refugio provisional, ya que el original fue destruido por una avalancha de nieve hace dos años.  Vale la pena echar una ojeada a las fotos para hacerse una idea de lo que le depara el futuro a este lugar.

Hace tiempo que comprendí a qué se refiere un viejo amigo cuando dice que los Alpes son un jardín: la naturaleza salvaje ya no existe. Hasta la misma cima de las montañas es un paisaje cultural , una naturaleza influenciada y modificada por muchos pueblos. Bellos, majestuosos, peligrosos también, pero no salvajes, como otras montañas fuera de Europa.    

Salimos desde el Mitterkaser Alm, pasando por prados de lirios llorones, en dirección a Montferthof, en la Via Alta de Merano. Solo muy de vez en cuando nos cruzamos con alguien en el camino y así, caminando en ese silencio, se llega casi a un estado de trance.

Al cabo de un rato, la mente desconecta, te haces uno con el todo  y el pie sabe instintivamente qué piedra aguantará el cuerpo. Una energía mucho más grande asume de pronto el movimiento y en este momento ya no es necesaria ninguna técnica, el cuerpo  por sí solo va acumulando las experiencias en cada célula. 


Montferthof es una pequeña granja ecológica en una ladera empinada con sirope de menta, camas confortables y una comida deliciosa. Dormimos divinamente y más de lo habitual, y a la mañana siguiente tomamos el autobús de Katharinaberg a Merano. 

Hay gente que todos los años se plantea la misma pregunta: ¿al mar o a la montaña?
Tenemos la tendencia a comparar para excluir después una de las dos opciones. 
El verbasco, sin embargo, sabe hacerlo mejor, ya que lo mismo crece en los Alpes que en las dunas de Wissant.

Pues la montaña es la hermana del mar y el cielo brilla sobre ambos.

Lo que no he contado:

-    las dolorosas agujetas y mi estado de agotamiento en el aeropuerto de Verona
-    Paul, de Kartaus, quiere llevarnos en septiembre a la cima del Similaun
-    la mañana de compras por la Laubengasse de Merano
-    la decisión de Carmen de llevar solo 6 kg en la mochila el año que viene
-    las ganas de hacer excursiones juntas en Argentina, desde Bariloche
-    la alegría sin razón, que vibra en todo momento

 

Roca sonora – Los espíritus dormidos de las montañas

Con su voz puede despertar las energías ocultas de esta roca de porfirio. Introduzca la cabeza en una cavidad y susurre. La roca le devolverá el sonido en forma de vibración, que Usted sentirá hasta la punta de los pies. Lavibración es similar a un masaje curativo. Las culturas antiguas usaban estas oquedades de las rocas con fines terapéuticos, para la sanación y para la meditación.